El Rey más poderoso y sus influencias en la enocultura de Chile

Autor: Nicolás Veloso Martínez

Tiempo de lectura: 5 min.

Introducción

Aplacar la sed de sabiduría de nuestro propio origen enocultural o “cultura del vino” ha sido una ardua tarea. A pesar de que existe bastante información al respecto, la mayoría son obras fragmentadas y a veces abstractas de un fenómeno multicausal, lo que dificulta su libre entendimiento, impidiendo evolucionar y construir un futuro más próspero (Castell–Florit 2016, p.74).

En este sentido y en esta primera entrega, será importante destacar algunos hechos que dieron forma a los orígenes de la cultura del vino en Chile, dejando pasar trazas de oxígeno a esta ya embotellada historia.

Desarrollo

Uno de los actores primordiales en la evolución de la vitivinicultura en Iberoamérica durante la conquista española fue el Emperador Carlos V, el monarca más poderoso de la cristiandad. Quien, a través de un mandato real a principios de 1534, estipulo que, junto a la edificación de cada villa y ciudad, se debían cultivar huertas con los llamados “frutos de Castilla”. Estos frutos incluían arroz, caña de azúcar, trigo, olivo y vid (Huertas 2004, p.44), siendo estos últimos tres, los ejes de la agricultura mediterránea moderna.

A pesar del fragor de la guerra de conquista, la sociedad y la economía en la América española se desarrolló de forma espontánea (Soldi 2006, p.43). Se crearon cientos de centros poblados y paralelamente, tierras para el cultivo (Huertas 2004, p.44) lo que fomento la expansión de los frutos del emperador a través del territorio virreinal.

Es así como la primera embarcación que llega a la Gobernación de Nueva Toledo (Chile), la nao Santiaguillo, enviada en auxilio de la empresa de conquista de Diego de Almagro en 1536 a la rada de Quintil, Valparaíso, da inicio a la primera ruta comercial. La nave llego con socorros y cosas necesarias para las huestes de Almagro, dentro de las cuales incluían vino (Merlet 2007, p.289; Muñoz 1986, p.3)

Años más tarde, se fusionaron las Gobernaciones de Nueva Toledo y Castilla, para sentar las bases de lo que se llamaría el Virreinato del Perú en 1543 (Noejovich y Salles 2011, p.334), el cual constituyo la expresión territorial y división político-administrativa más importante del cono sur, desde mediados del siglo XVI hasta principios del siglo XIX.

Durante el siglo XVI, la promulgación de la cultura del vino no solo estuvo en manos de la monarquía y sus tropas, sino también en manos de indígenas locales quienes aún poseían tierras, y con éxito cultivaban viñas para producir el “vino de la tierra”, el cual se vendía exitosamente a través del territorio virreinal. Estas viñas indígenas fueron posteriormente “heredadas” en el siglo XVII por órdenes religiosas, como la Compañía de Jesús (Soldi 2006, p.42).

El 4 de septiembre de 1545 el General Pedro de Valdivia escribe, desde la recién fundada ciudad de La Serena, una carta al Emperador Carlos V, donde explica el primer “quiebre de stock” del producto y su posterior reposición por medio de un amigo del emperador, al cual, el General agradece por las gestiones realizadas (Medina 1929, p.33), puesto que a la fecha la enocultura en el territorio chileno virreinal, había comenzado a lo menos un siglo antes.

Conclusión

La poderosa influencia que tuvo el Emperador Carlos V, junto a su administración de conquistadores marcaron los orígenes de la cultura del vino en Chile. Esta división política fue primordial para la conformación de la identidad enocultural que hoy existe en nuestro país, la cual se desarrollaría durante las siguientes tres centurias, hasta la independencia de Chile en 1818.  

Es plausible hipotetizar que la vid fue cultivada a la usanza española desde los inicios de la conquista sin mayores inconvenientes, aprovechando los benignos factores edafoclimáticos de Chile y Perú, creando rutas agro-comerciales a lo largo y ancho del territorio virreinal.

Es importante recordar que la conquista fue una guerra tanto armada como cultural, comenzando ambas con el primer español que puso un pie sobre territorio chileno, ya que debajo del brazo, llevaba una vasija de vino.

¡Salud!

Referencias

Castell–Florit, P. (2016): La tangibilidad de la Historia. INFODIR. Vol. 12, Nro. 22, pp. 74-76. https://www.medigraphic.com/cgi-bin/new/resumenI.cgi?IDARTICULO=63727

Huertas, L. (2004): Historia de la producción de vinos y piscos en el Perú. Universum (Talca), Vol. 19, Nro. 2, pp. 44-61. https://dx.doi.org/10.4067/S0718-23762004000200004

Medina, J. (1929): Cartas de Pedro de Valdivia que tratan del descubrimiento y conquista de Chile. Facsimilar. Sevilla. http://www.bibliotecanacionaldigital.gob.cl/visor/BND:8174

Merlet, E. (2007): La marina de Chile día a día. Bitácora de sus efemérides y hechos principales. Armada de Chile. http://www.historianaval.cl/publico/publicacion_archivo/publicaciones/75_1.pdf

Muñoz, A. (1986): Historia del “Santiaguillo”. Revista de Marina. Ed. Valparaíso, Vol. 103, Nro. 772. https://revistamarina.cl/revistas/1986/3/munoz.pdf

Noejovich, H. y Salles, E. (2011): La defensa del Virreinato del Perú, aspectos políticos y económicos. Frontera de la Historia, Vol. 16, Nro. 2, pp. 327-364. https://www.redalyc.org/pdf/833/83322614002.pdf

Soldi, A. (2006): La vid y el vino en la costa central del Perú, siglos XVI y XVII. Universum (Talca), Vol. 21, Nro. 2, pp. 42-61. https://dx.doi.org/10.4067/S0718-23762006000200004

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